martes, 19 de agosto de 2014

Literatura Pulp



El concepto que, en general, se tiene del género PULP, es que se trata de un producto literario de baja calidad, y se califica  así porque es fácil etiquetar sin detenerse a razonar. Vivimos en una cultura de titulares donde es muy cómodo quedarse con un titular y opinar sobre el posible contenido sin siquiera haberlo leído. Sería como aceptar que algunas personas son muy ilustradas porque tienen paredes cubiertas con estanterías repletas de libros, libros que por supuesto no han leído, pero los poseen y creen que eso es una especie de traje que les empaca como muy cultos, por supuesto que hay muchos que poseen esas estanterías de libros y sí los miman y los leen, no se puede generalizar. Don Manuel Lara, el genuino editor, llegaba a decir que vendía libros por metros de estantería. Hoy día, con la inmersión en el mundo digital, ya no está tan de moda, pero siempre quedarán nostálgicos.

Por si queda alguien que todavía no lo sepa, “Pulp” etimológicamente viene de “pulpa de celulosa”, y no como podría responder un concursante televisivo que diría “pulpo a la gallega”. Dejemos a un lado la boutade y sigamos. Pulp igual a “pulpa de celulosa de baja calidad y bajo coste”. No entraré en el mundo de la fabricación del papel, es interesante, pero no para este artículo, sí me permito unos apuntes básicos. El papel llamado de “máquina” está menos elaborado, posee más impurezas y menor tratamiento químico, motivo por el cual, con el paso del tiempo, adquiere un color amarronado, luz y humedad ayudan a ello. ¿Cuál es el motivo de tal color? Sencillo, adquiere el color de la leña oxidada al paso del tiempo, no podía ser de otra manera porque esa celulosa proviene de la leña desmenuzada. Otros productos vegetales que además están tratados químicamente, no envejecen y colorean de la misma manera. A ese papel de mayor calidad se le llama “papel de pasta química”, es evidente que esta clase de papel saldrá mucho más caro para la edición de un libro y ahora es cuando entramos en el llamado género “pulp”.


Desde un principio, para imprimir a bajo coste, se escogió el papel de “máquina” y aún así, lo hay de diferentes precios y volúmenes.  Los periódicos utilizaron esta clase de papel, grandes tiradas, grandes ventas, y editores sagaces comenzaron a editar las historias de crímenes y heroicidades que el público lector ansiaba encontrar. El General Custer era un héroe y Bufalo Bill, también, no importaba contar falsedades, lo fundamental era vender muchos ejemplares y a bajo precio. De lo que no se daban cuenta era que, ansiosos por conocer esas historias, la gente no sólo aprendía a leer, sino a comprender el contenido del texto leído. Muchos lectores, después de las primeras parrafadas, se perdían y se siguen perdiendo, en consecuencia no les motiva leer un texto largo. Comenzaron a darse a conocer escritores que no escribían directamente para los lectores, escribían para ellos mismos, porque lo sentían, porque tenían necesidad de narrar. Charles Dickens comenzó a distribuir para la venta sus historias como género PULP en fascículos sin tan siquiera portada, parece ser que D. Benito Pérez Galdos hizo otro tanto. Las ventas mejoraban y se cubrió el fascículo con una cartulina blanda con dibujos esquemáticos. Y como el negocio popular marchaba, los editores pasaron del capítulo a la historia completa con una portada más atractiva incluyéndole color. Nadie puede poner en duda que una buena portada vende y los portadistas tienen mucho mérito en los éxitos de venta. Una portada con un asesino de aspecto muy horrible a punto de matar a una chica muy guapa, vende, o por lo menos vendía, porque cuando las cosas se repiten en demasía, pierden interés. Sigamos en la línea Pulp, es decir, la edición barata, diez centavos por ejemplo. Entraba en las casas, lo mismo como historias de crímenes que como historias de Opera-Horse, es decir, los Westerns, pero también entraban  obras que contaban algo más y éstas últimas, para distinguirlas, los editores escogieron mejor calidad de papel, mejores cubiertas. Entre los autores que escribían esas historias que tanto gustaban al lector popular fueron destacando escritores que narraban historias de Ciencia Ficción o de anticipación como muchos las definían, narradores de leyendas, historias jamás comprobadas, narradores de batallas que no tenían el soporte de la titularidad oficial, narradores de crímenes con tratamientos complicados que humanizaban a los personajes, sucedía lo mismo con los Westerns o las narraciones de capa y espada que tanto se dieron en Europa, o de viajes a tierras que a finales del siglo diecinueve eran salvajes, desconocidas, hay que tener en cuenta el tiempo que se podía tardar en un viaje por aquellos días y lo que se tarda ahora. Como en todo, el género Pulp pasó por el cedazo, se filtró la mala calidad y a la vista quedaron las pepitas de oro. El sentido de la palabra Pulp, como género, fue perdiendo interés ya que las historias o novelas de género pasaron a estar mejor editadas, papel de más calidad, cubiertas e impresión, los relatos o novelas cortas seguían editándose en revistas. Esos escritores que se convirtieron en oro, que en su génesis venían del “pulp” o que habían heredado su estilo, se transformaron en escritores de aventuras. Julio Verne, Sir Walter Scott, Edgar Alan Poe, Alejandro Dumas, Stevenson... ¿Hasta dónde podríamos seguir? Grandes escritores que supieron dar cuerpo, estilo y espíritu a sus historias. En medio de la difícil selección, surgió lo que entendemos por el PULP actual. Posiblemente uno de los espermatozoides que lo engendró fuera el de Wilkie Collins con “La piedra lunar”. Se creó la novela popular detectivesca. Conan Doyle, Agatha Christie, George Simenon incluso Hemingway, “The Killers” es una novela PULP, y son obras muy bien escritas, ¿quién lo va a dudar”? Poner más nombres, es correr el riesgo de olvidar a quienes no merecen tal olvido. La novela “underground” americana, especialmente la surgida de New York, abrió los ojos a un mundo más brutal de la calle, el lector se veía más reflejado en estas historias o cuando menos, lo deseaba. Los “súper-héroes” no han entrado tanto en los textos novelados, son más del mundo del cómic, más visual, más emocional. El lector de la novela, mentalmente se integra más en el texto de la narración en que se sumerge. La transformación de las aventuras de género en libros de bolsillo fue y sigue siendo un gran éxito, sería difícil contar los ejemplares así editados que se han llegado a vender, de tal modo que grandes obras literarias, para aumentar su divulgación y ¿por qué no decirlo?, para sacarles mayor rendimiento económico, las han editado en versión libro de bolsillo. Y las historias de toda clase de géneros quedan al final mezcladas en los estantes de las librerías, donde  a la novela de género se le ha terminado dando el lugar que le corresponde como obra literaria bien escrita. No se puede ignorar que en cualquier anaquel de exposición de libros los habrá muy buenos y muy malos, o simplemente libros cuyos lectores no pasarán  de las primeras páginas, aunque autor y editor lleguen a creer que son obras fundamentales para la cultura de la Humanidad.


Como siempre hay editores avispados que tratan de conseguir más beneficios, surgió lo que se ha dado en llamar el “boom de los “BOLSILIBROS” que comenzaron a editarse en diferentes y múltiples géneros.  Son sencillamente Libros de Bolsillo, de tamaño más pequeño y letra reducida, fáciles de llevar en un bolsillo o en un bolso de mujer, difíciles de leer y sin embargo con un gran atractivo y éxito de ventas. ¿Por qué? Los escritores que se dedicaron al “bolsilibro” poseían una gran imaginación a la par que una increíble rapidez para desarrollar sus historias que entraban con gran facilidad en la mente y en la sensibilidad de los lectores, les fascinaban hasta tal punto que ignoraban la dificultad de lectura que representaba el tamaño de la letra o el papel que ya ni siquiera era de máquina, sino reciclado. Generaciones de jóvenes se engancharon a la lectura, no se perdieron como lectores como podía vaticinar el nacional-catolicismo imperante, pues gran parte de esta generación lectora de bolsilibro, no sólo en España sino también en toda Latinoamérica, luego seguiría leyendo durante toda su vida lo que cayera en sus manos. Millones y millones de “bolsilibros” crearon a su vez millones y millones de lectores que se aficionaron luego a estudiar, a ir a las bibliotecas, incluso a escribir ellos también historias de aventuras. Decir que en el mundo del “Bolsilibro” todo era bueno o todo era malo, es una boutade, el cedazo del tiempo será el que dejará pasar por la trama metálica lo que ha de caer en la fosa del olvido y retendrá lo convertido en “clásico”. El tiempo le dará nuevos soportes de edición, la tecnología avanza, lo que fue innovador, ahora es obsoleto, lo digital va dejando a Gutenberg para la historia. Pero, las historias seguirán, estableciendo una simbiosis entre la imaginación del narrador y la del receptor, creando historias, apuntando vivencias que ellos nunca llegarán a vivir en su realidad.


He obviado los nombres de los más destacados escritores del mundo del Pulp del “bolsilibro” para que nadie pueda reprocharme un olvido intencionado, pero tales nombres han sido tan populares que ni siquiera es necesario escribirlos porque va a ser muy difícil olvidarlos.


Sí deseo recordar a un buen número de Editoriales que pusieron sus profesionales, las imprentas y su entusiasmo para editar los “BOLSILIBROS”:  Bruguera, Andina, Toray, Rollán, Valenciana, Ferma, Astri, Torroba, Ediciones Olimpic… Ha habido más pero no soy un historiador ni nada que se le parezca, sólo soy un escritor que ha caminado por esos mundos de fantasía, un escritor que recibe muchos correos de lectores que dan las gracias por los buenos ratos pasados, por haberles incentivado al mundo de la lectura, y me siento orgulloso como la mayoría de mis colegas de que así haya sido. Repito, hay que agradecer a las editoriales mencionadas por haber participado en el mundo de los multi-géneros que han sido las novelas PULP.


Costa Daurada – 18 agosto 2014
©Ralph Barby
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martes, 10 de junio de 2014

Esta gente que escribe .... y concursa



Hace tiempo que no hacemos una entrada en el blog dedicada al foro, a nuestra comunidad. Estamos perdiendo las buenas costumbres. Así que ya va tocando un poco de reflexión y, si viene al caso, autocrítica. Hoy tocan los foreros escriben.

Escribir es como leer, es una pasión, algo que nos pide el alma. Es también un ejercicio de mostrarnos desnudos frente al otro. Ponernos ilusión, nos creemos a veces peores de lo que en realidad somos y a veces mejores. Las críticas son difíciles de aceptar, sobre todo cuando nos damos de bruces con la cruda realidad. A veces lo que sometemos al juicio ajeno nos devuelve en el espejo una imagen muy distinta de la que teníamos de nuestro trabajo. Esto es especialmente marcado cuando sometemos nuestros relatos a unas críticas hechas desde el anonimato.

Como jurado que he sido de estos concursos entre amigos que convoca el foro, y, todo sea dicho, últimamente parece que están produciendo adicción, he visto la progresión de escritores aficionados, les he visto ganar concursos y publicar libros a varios de ellos. Pero ganar concursos de los de verdad, de los que se compite con autores consagrados. En esa progresión tengo la satisfacción de comprobar como algunos de nuestros habituales han escrito relatos que podrían pasar por obras de escritores profesionales si estos los firmaran. Lo repito últimamente en cada convocatoria. Cada vez mas nos cuesta pelear el palmarés y es difícil elegir al ganador. Recuerdo que hace unos años el mejor brillaba a mucha distancia, los demás se quedaban en un margen mas homogéneo y era difícil destacar alguno para los premios secundarios. Utimamente nos cuesta afinar el ganador, tanto se ha ganado en calidad. Claro que con ello vienen otras aspiraciones mas altas.

Somos al fin y al cabo un grupo de amigos apasionados, algo frikis, y nuestro premio es poca cosa, salir en un libro conjunto, ver nuestro nombre junto a nuestra obra en tinta negra sobre papel. Tras los premios viene un trabajo inmenso y generoso, preparar el libro. Despues descartar a los que no van a entrar en él, ahora sí, dolorosamente conscientes de la ilusión que cada uno puso en imaginar y llevar a las palabras una historia, ya con nombres, toca corregir, maquetar, elegir título y crear una portada para el libro que tendrá como regalo el ganador y que podremos los demás comprar a precio asequible. Pero estar ahí, sentirnos parte del crecimiento de los compañeros de sueños y fatigas, no tiene precio.

Comentar los relatos a ciegas tiene muchas cosas positivas. Lo hacemos sin dejarnos llevar por simpatías, somos capaces de mostrar errores que ayudarán a mejorar y valorar en su justo mérito lo conseguido y crecer. Crecer juntos, porque en los errores de los demás vemos también los nuestros reflejados, con una mirada diferente.

Tiene la crítica a ciegas algún punto en contra, sobre todo el de los egos desmedidos que se creen más de lo que son y llevan mal aceptar los errores, las malas lecturas que se hacen, las carencias, la mediocridad de las obras. También la de los críticos agresivos, que traspasan los límites del cuento y la autoría y llegan a la persona, quien confunde obra con autor, quien al traspasar esa barrera hiere mas allá del juego de escribir. Es ahí es donde estamos los moderadores y alguna vez, solo alguna, alguna persona se despeña y acepta mal que se le llame al redil, y provoca algún que otro descalabro, se ataca y se sacan paños rojos, las ilusiones se empañan un poco. Pero es solo un arrebato, nos recomponemos y volvemos a empezar, y seguimos poniendo ilusiones otra vez en escribir, en comentar, en corregir para editar.

Son reglas no escritas, aquí los aficionados os saludan, pero no os descuidéis porque somos mejores, o lo seremos si os dormís en los laureles.
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miércoles, 12 de febrero de 2014

Encuentro con Cornelia Funke en Colonia



El pasado miércoles tuve la gran suerte de asistir al encuentro de Cornelia Funke con sus lectores que tuvo lugar en Colonia, dentro del programa literario LitCologne que se celebra todos los años por estas fechas.
La verdad, no sabía muy bien qué me esperaba. ¿Habría sólo niños? ¿Quedaríamos fuera de lugar mi pareja, a la que tuve que arrastrar, y yo? ¿Tendría aunque fuera un segundito para hablar con ella? ¿Me haría algún caso?

Pues bien, es cierto que nosotros dos éramos de los pocos adultos que estaban allí sin niños, y también es cierto que había muchísimos niños, pero aun así, no me sentí en ningún momento fuera de lugar. De hecho, me parece que los adultos atendíamos a la escritora más embobados que los propios niños, algunos de los cuales empezaron a dar signos de cansancio a medida que el acto llegaba a su fin.



Cornelia Funke atrapó nuestra atención desde el principio y no la soltó hasta el final, tanto mientras leía de su último libro El caballero fantasma, como cuando respondía a las preguntas que le hacía el público. Dos moderadores iban pasando el micrófono a los niños que pedían su turno levantando la mano. “A ver qué preguntas hacen estos críos, seguro que se repiten y todo”, pensé yo. Nada más lejos de la realidad: las preguntas eran a cual más interesantes, y no se repitió ni una, a pesar de que quizá respondió a unas veinte a lo largo de todo el acto. Y lo hizo con una simpatía, frescura y sinceridad más propias de un niño que de un adulto de cincuenta y cinco años, edad que confesó tener entre risas “a pesar de lo alegre y vital que soy”. Me impresionó ver que hasta mi pareja, que ya digo que fue un poco arrastrado y sin esperar nada del evento en cuestión, escuchó encantado toda la hora y media que duró el acto.

Y las preguntas giraron en torno a sus libros (dijo que, aunque había dejado de contarlos, ¡habrá escrito unos sesenta!), sus personajes, sus mundos, su carrera profesional y un poco su vida personal. En cuanto a sus personajes confesó haberse inspirado en uno de sus hijos para crear tanto el personaje de Jacob como el de Will, los dos hermanos protagonistas de su última trilogía, Reckless. Dijo sentirse identificada especialmente con Fux, medio mujer, medio zorro, también protagonista de su último mundo detrás del espejo.



Respecto a su carrera profesional, contó que, en realidad, ella fue durante mucho tiempo ilustradora de libros infantiles, hasta que un día, aburrida de los insípidos libros que tenía que ilustrar, se puso a escribir una historia tal y como a ella le gustaría que fuera, llena de todos los elementos que la fascinaban como lectora. Y en algún momento dado, pasados unos años y con unas cuantas novelas a sus espaldas, se dio cuenta de que lo que realmente le gustaba era escribir, y decidió dedicarse de lleno a la escritura.

Habló de cómo iba de pequeña con su padre a la biblioteca municipal, en la entrada se separaban, él iba a la sección para adultos y ella a la infantil, y después regresaban los dos a casa cargados con su respectiva montaña de libros. Recomendó a los niños viajar y vivir un tiempo en el extranjero como una experiencia irrepetible y que te ayuda a conocerte a ti mismo y a tu propio país, mucho mejor que sin salir jamás de él.

En fin, un auténtico placer escucharla. Como botón inevitable del encuentro, al final firmó, pero sólo dos libros por persona y sin dedicatoria. Se disculpó mil veces, pero de otro modo todavía estaríamos allí, ya que la cantidad de asistentes al encuentro rondaría los 800, y había niños con verdaderas pilas de libros en las manos. 

Y en todo este caos, cuando, después de una media hora apretujada entre niños y mamás, conseguí al fin estar unos segundos delante de ella, entregarle mis dos ejemplares y decirle que soy su traductora al español para el mercado mexicano, tuvo el detalle de darme la mano y decirme, con una sorpresa y alegría que interpreté sinceras, que era un honor conocerme. Me temblaban las piernas como a una quinceañera conociendo a su ídolo musical

Margarita Santos (Murke)
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sábado, 8 de febrero de 2014

Renovando las Herramientas de Escritura


(la personalidad del artista, manifestándose sobre el papel)

No hace mucho, me enzarzaba en una disputa (amistosa) con un miembro del foroAbretelibro!, a cuenta del modo en que cada uno redactaba sus obras. Durante una visita a la exposición sobre la RAE organizada en la Biblioteca Nacional de Madrid, de algún modo habíamos empezado a hablar sobre plumas estilográficas, y me horrorizó descubrir que este amigo trabaja directamente en el procesador de textos de su ordenador. 

La lógica, bien es cierto, le otorga muchos puntos a mi rival dialéctico: al escribir en formato digital se eliminan pasos intermedios, se ahorra papel (lo cual le permite jugar la baza "ecológica") y es prácticamente imposible que se te traspapele esa nota vital en la cual habíamos resuelto el nudo argumental que tanto se nos había estado atragantando (aparte de no necesitar tres cajones para guardar todo el material acumulado).

Sin embargo, continúo resistiéndome a cambiar mi sistema de escritura. Primero, porque en la palabra escrita en papel me reconozco como autor. Suena engolado y arrogante, pero es así. Mi personalidad y mi estado de humor se reflejan en el trazo, y eso es algo que el teclado no me da (además de que no se me ocurre una forma mejor de escribir historias Steampunk que usando una pluma). Pero, sobre todo, me gusta escribir en papel porque puedo ver después el proceso creativo del manuscrito original: los tachones sucesivos en una frase que se resistía a ser construida; las indicaciones para reorganizar frases o cambiar de lugar párrafos enteros; las notas en los márgenes con ideas que se me iban ocurriendo y no quería olvidar... 

Aún más, después de meses (o años), abrir un cuaderno y repasar lo que hay escrito dentro resulta revelador. Ver pasajes que se han redactado con una facilidad pasmosa, o los momentos en que una escena se volvía intraducible en palabras. Descubrir que alguna idea de la trama se desvaneció en un callejón sin salida, o que ese giro genial fue una inspiración de última hora... Todo eso se pierde al pasar al formato digital (aunque, en mi caso, podría repasar la evolución desde el manuscrito original hasta el texto definitivo, porque me gusta hacer las correcciones sobre una versión impresa) y le resta a la escritura ese valor romántico que yo le doy.

De hecho, al escribir en papel pude darle las gracias a uno de mis "lectores beta" de un modo que hubiese sido imposible si me limitara al texto informático: le regalé el cuaderno con los textos originales de una serie de cuentos, que me había ayudado a repasar y pulir durante meses.

Todo lo dicho viene a cuento de que, sólo unos días después de ese intercambio de opiniones, decidí que necesitaba darle un descanso a mi fiel compañera de escritura. No porque hubiese dejado de funcionar, si no porque, tras seis años escribiendo con la misma pluma estilográfica, mi vestuario empezaba a correr peligro por culpa de un capuchón que ya no se ajusta como debiera. 

(las nuevas culpables de mi calidad literaria)

Así que, cometiendo un exceso, me he provisto de dos estilográficas nuevas (mejor que sobre... ya se sabe), que espero continúen convirtiendo mi inspiración en algo merecedor de ser leído más tarde. Al menos, de momento parecen muy dispuestas a hacer que mi caligrafía resulte más atractiva a sus lectores.

¡Larga vida a tinteros, plumines, palilleros y convertidores!

Rafael González (Kharonte)

Compartimos  hoy  reflexión con el blog Párrafos Perturbados 
 
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viernes, 17 de enero de 2014

Presentación de Agua dura de Sergi Bellver en Zaragoza.


Agua dura
Sergi Bellver
Sub-Urbano Ediciones (Ebook) 
Ediciones del Viento
Colección: Viento Abierto
 ISBN: 978-84-15374-56-5

Hay  escritores y hay escritores que rezuman literatura. Unos buscan lectores  y reconocimiento, otros simplemente  escribir y sentirse  satisfechos de lo escriben. Sergi Bellver pertenece a estos últimos. 
Ayer fue un lujo asistir a la presentación en Zaragoza  en la  Librería Antígona.de Agua dura.  Carlos Castán y Sandra Santana,  hicieron de anfitriones. 



El libro es una colección de relatos de diferente extensión, unidos por el tema del agua, el paisaje,  la familia y la desolación. Es uno de esos libros  cuidados en su contenido y en su edición.  Historias impactantes envueltas en un lenguaje mimado  y poético. 

De los doce relatos que contiene,  diez habían sido publicados en diferentes sitios con anterioridad y dos son inéditos. Cada relato comienza con una cita de autores muy diferentes  desde Cortazar a Conrad, pasando por Umbral y Felisberto Hernández. Las historias están llenas de guiños  que permiten al lector que segundas y terceras lecturas  se llenen de nuevas evocaciones, porque es un libro para releer para poder apreciarlo en todo su valor. 

Creo que Agua dura dará muchas satisfacciones a su autor, los cuentos que ya he leído me parecen magníficos y la crítica seria lo ha recibido muy positivamente. Oír a Carlos Castán  y Sandra Santana hablar de lo que el libro les ha evocado, es garantía de la profundidad de los textos y la madurez de la escritura de Sergi Bellver. 
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