martes, 21 de octubre de 2014

La novela histórica vindicativa - Javier Tazón


La Tienda de Aquiles, segunda mitad del siglo XV,  tapiz perteneciente a la Guerra de Troya, conservado en a catedral de Zamora

Según el Diccionario de la Real Academia Española, la palabra vindicar tiene tres acepciones: la primera es vengar; la segunda defender, especialmente por escrito, al que se halla injuriado, calumniado o injustamente notado; y, la tercera recuperar uno lo que le pertenece. De la reivindicación de la verdad histórica se va a hablar en este artículo.

Desde los tiempos de Walter Scott, la novela histórica ha venido llenando el vacío sentimental que deja la gélida historiografía; ha venido acercando la historia al pueblo; ha servido para vestir con ropajes del hogaño las escenas del antaño; ha facilitado escape a las tensiones sociales, como el caso de los pequeñoburgueses de finales del siglo XIX, destinatarios de la novela scottiana, en la que hallaron buenos con los que identificarse y malos a los que rechazar, peripecias en las que, al final brilla la esperanza, esa rara especie de virtud que tan alejada estaba de sus vidas en los albores de la industrialización. Poco ha variado en este subgénero desde aquella prehistoria. Se ha ampliado, eso sí, el abanico de temas, pues hoy día no hay materia histórica que no se haya tocado ya; se han utilizado técnicas literarias más o menos novedosas; se ha caminado por todas las épocas y estilos, pero el esquema scottiano sigue en vigor. Walter Scott nos legó un concepto de novela histórica de evasión merecida, un hogar literario en el que el lector se sentía protegido y en el que pudiera viajar al pasado huyendo del opresivo presente. Sin duda, tal voluntad es muy legítima, meritoria y, por supuesto, todos los escritores de novela histórica hemos seguido sus pasos, mas hay momentos en los que la literatura ha de servir para algo más que para la mera evasión.



En Hispanoamérica, hacia los años sesenta del siglo anterior, un nutrido grupo de escritores, no precisamente especialistas en novela histórica, se encaminó por una senda novedosa que dio en llamarse Nueva Novela Histórica Latinoamericana, una joven tendencia que tiene hoy más de cincuenta años, en algunos casos. Nos referimos a autores como Carpentier (El reino de este mundo, El arpa y la sombra); Abel Posse (Daimón, Los perros del paraíso, Largo atardecer); Mario Vargas Llosa (La guerra del fin del mundo), Fernando del Paso (Noticias del Imperio); Enrique Bernardo Núñez (Cubagua); Carlos Fuentes (Terra nostra); Roa Bastos (Vigilia del almirante); Reynaldo Arenas (El mundo alucinante), entre otros; todos ellos reivindicaban la americanidad en la historia de sus patrias. No era la primera vez que tal sucedía en el continente, pues desde los tiempos de la independencia, la literatura de autoafirmación tenía cultivadores fijos y comprometidos. Lo que sí hicieron los autores arriba mencionados fue revolucionar la forma de la novela histórica, buscar un lenguaje diferente capaz de llegar más en profundidad al lector y convencerle del mensaje americanista. Es decir, que con respecto al contenido, trastocaban la visión académica de la historia en la mayoría de los casos, y con respecto a la forma rompieron los moldes de la novela tradicional.


La novela histórica, en esta concepción, pasa de ser una reconstrucción mimética de la realidad aunque con cierta dosis de concesiones a las tramas ficcionales, para convertirse en una interpretación de la realidad, del tiempo que se quiere reflejar. La llamada ciencia de la historia no tiene, para la nueva novela histórica latinoamericana, autoridad absoluta. La crisis de valores que acompaña al posmodernismo ha logrado poner entre paréntesis la sesuda historia académica, a la que esta tendencia no concede más valor que a la ficción pura y dura; es decir que los historiadores que acusaron siempre a los novelistas de ser imaginativos en exceso, han compuesto la historia a partir también de excesivas imaginaciones, lo que les invalida como pretendidos científicos. Así, Fernando del Paso, en 1983, lanzó la consigna a todos los escritores de novela histórica: ¡Nuestra misión es asaltar la historia oficial!


Por otra parte, la forma de la novela histórica tradicional, basada en un discurso retórico sencillo, de transposición literal, en muchos casos, de la historia a la diégesis, al argumento, no sirve para esta novela que pretende trastornar desde las primeras líneas la percepción del lector. Para lograr este milagro es preciso utilizar un bagaje de técnicas literarias contrastado por el uso que de ellas hacen los grandes escritores de vanguardia: el monólogo interior, el flujo de conciencia, los diálogos sermocinados, el extrañamiento y un depurado uso del lenguaje, exento de toda sombra de lugares comunes y de los más sutiles tópicos. Por eso a estos autores, en algunos foros, se les acusa de barrocos, aunque creemos que tal apelativo, un tanto peyorativo, para dirigirse a su renovadora obra, resulta chocante y proviene, en la mayor parte de los casos, de sectores que defienden la vulgarización del lenguaje, el cortar por arriba, para que todos podamos entender, según nuestros limitados pero democráticos cacúmenes, la cultura.


Si Alejo Carpentier fue, según la mayor parte de los estudiosos, el fundador de la escuela, con sus obras ya citadas: El reino de este mundo y El arpa y la sombra, el título de consolidador corresponde a Abel Posse, con la memorable Los perros del paraíso (1983). Por último, el paradigma de la perfección, la máxima cumbre alcanzada hasta el momento por la novela histórica latinoamericana se encuentra en la obra de Fernando del PasoNoticias del Imperio, publicada en 1987. Nadie, hasta el momento, ha conseguido sobrepasar estas cumbres narrativas en lengua castellana, en ninguna de las dos orillas.



En El reino de este mundoAlejo Carpentier nos habla de la primera, y última, rebelión de esclavos triunfante, la haitiana, que coincidió en el tiempo con la Revolución Francesa. En ella se introducen elementos narrativos traídos del surrealismo europeo, que trasplantado a América recibió el nombre, dado por el mismo autor, de lo real maravilloso, elemento integrante de la idiosincrasia americana. Sin que el lector pierda un ápice de la secuencia de hechos históricos, se enfrentará a fenómenos maravillosos que el autor considera fueron consustanciales a aquella revolución, como las transmutaciones de personas en animales, gracias al vudú, el mito del eterno retorno, y un profundo escepticismo con respecto a la Historia.


En El arpa y la sombra, del mismo autor, se juzga la figura de Colón, con lo que este personaje se convierte en central de la narración. Es característica de la nueva novela la superación del prejuicio a utilizar personajes históricos de primera fila, pues según Georg Lukacs es preferible que aquellos sean tipos desconocidos o que se trate de tipos secundarios, de forma que el escritor tenga mayor libertad para novelar. Dicho prejuicio, con las bases en que se funda esta escuela literaria, carece de sentido, pues la libertad del escritor nace, precisamente, de cuestionar la historia; no se van a introducir hechos nuevos, es decir ficticios, en la secuencia, pero sí se van a interpretar, en ocasiones libérrimamente, los datos y hechos tomados del oficialismo. Por otra parte, el personaje histórico es elevado a la categoría de personaje de ficción. Así, en esta novela que comentamos, Colón está en ciernes de ser canonizado, para lo cual revisa su vida y, al tiempo es ponderada su hipotética elevación a los altares por los demás personajes de la época.


Todo lo referente al Descubrimiento, en una novela que pretende revisar la historia de América, es asunto preferente. Por eso, el paradigma de la nueva novela histórica está en Los perros del paraíso, de Abel Posse. Este autor argentino enmarca, en primer lugar, su obra en las dos primeras páginas, con una referencia a la situación social del Renacimiento… pero, es mejor que lo lean ustedes mismos:


«Entonces jadeaba el mundo, sin aire de vida. Abuso de agonía, hartura de muerte. Todos los péndulos recordaban el ser-para-la-muerte. En Rottenburg, en Tubinga, En Ávila, Urbino, Burdeos, París o Segovia. Jadeaba la vida sin espacio. El dios hebreo, indigestado de Culpa, había terminado por aplastar a su legión de fervorosos bípedos.»


Este lenguaje poético traspasa la obra de parte a parte y, además, entre los ingredientes formales mejor utilizados por Posse está el profundo sentido del humor, de lo grotesco, con una permanente tendencia a la comparación con la vida actual. La referencia al presente desde el que se narra, mediante autor omnisciente, es también una característica de la novela. Así, por el velo del tiempo rasgado, Colón, caminando por el mar de los Sargazos, puede cruzarse con transatlánticos o con submarinos emergentes. El surrealismo está presente en cada una de las páginas del libro, los hechos se mezclan en el espacio-tiempo, los grandes personajes de la Historia actúan con arbitraria extravagancia y, sin embargo, la narración histórica es un hecho, el mensaje sobre la unidad del pasado y el presente de América, sin verdades absolutas y hechos consumados, se logra transmitir a los lectores.


Noticias del Imperio, del mejicano Fernando del Paso es, al día de hoy, la obra culminante de la nueva novela histórica latinoamericana. En ella se hace un uso extremo de la fragmentación narrativa, otra de las grandes características de la escuela. No existe una trama única o una diégesis delimitada que no sea la meramente histórica. La monumental novela está compuesta por once capítulos pares en los que se narra el Monólogo de Carlota, la emperatriz de Méjico, esposa de Maximiliano. Este monólogo es digno de pasar a la historia de la literatura junto con el de Molly, de Joyce, como ejemplo único en su especie. Con él se llega al máximo nivel poético. Así da comienzo:


«Yo soy María Carlota de Bélgica, Emperatriz de México y de América. Yo soy María Carlota Amelia, prima de la Reina de Inglaterra… Yo soy María Carlota Amelia Victoria, hija de Leopoldo Príncipe de Sajonia-Coburgo y Rey de Bélgica, a quien llamaban el Néstor de los Gobernantes y que me sentaba en sus piernas, acariciaba mis cabellos castaños y me decía que yo era la pequeña sílfide del Palacio de Laeken. Yo soy María Carlota Amelia Victorina Clementina, hija de Luisa María de Orleans, la Reina Santa de ojos azules y nariz borbona que murió de consunción y de tristeza por el exilio y la muerte de Luis Felipe, mi abuelo, que cuando todavía era rey de Francia me llenaba el regazo de castañas y la cara de besos en los Jardines de las Tullerías. Yo soy María Carlota Amelia Victoria Clementina Leopoldina…»


Este gigantesco monólogo lleva el peso de la estructura narrativa y, junto a él, en capítulos impares monólogos sueltos de personajes (Juárez, Maximiliano), correspondencia entre soldados de uno y otro bando, escenas de la vida cotidiana, narraciones propiamente históricas, diálogos sueltos entre personajes y hasta leyendas contadas por narradores populares. Hay quien dice que no es una novela histórica, pero yo sostengo que es un instrumento narrativo equiparable a la novela, en el que la verosimilitud de lo que se cuenta es tal, pese a ser en un noventa por ciento ficción literaria, que el lector llega a la conclusión de que así, y no de otra forma, hubieron de desarrollarse los hechos.


Estos grandes autores sudamericanos pretendían utilizar la historia, dada su gran versatilidad como materia prima del arte, para enviar al lector un mensaje concreto: la historia del continente, pese a cuanto se ha dicho en los libros académicos, tiene otra lectura más popular, más afín a la realidad actual, a los problemas actuales. Para ello utilizaron las más novedosas técnicas narrativas (fragmentación, monólogos, eliminación del espacio y del tiempo, introducción de lo fantástico, metaficción, intertextualidad y sentido del humor) de las más avanzadas vanguardias. El resultado es una novela histórica que, al mismo tiempo que resulta altamente popular, como es el caso de William Ospina en Colombia, con sus obras El país de la canela o Urzúa, supera la mera narración evasiva de peripecias en protagonistas ficticios y lleva al lector a una comprensión global de la historia y, por ende, del presente.



Hoy en día, en nuestra Europa de viejo cuño, el estado se desmiembra y muestra su auténtica raíz de planta parásita del cuerpo social. Hoy en día, en nuestra tierra, sentimos que el suelo cede ante los pies de los ciudadanos. Hoy en día, en la vieja patria del hombre blanco, la desesperanza clama por sus fueros. Y si esto es así, si se amenaza con soltar a los Jinetes del Apocalipsis por la vieja Europa y dejarla arrasada, ¿no sería un refresco intelectual contar con autores que reivindicasen con sus novelas históricas, una interpretación de los hechos que nos han traído a esta situación diferente a la del mero entretenimiento? ¿Por qué no deleitar y, al mismo tiempo plasmar una forma nueva de ver la realidad? ¿Por qué no dejarnos de componer historias de peripecias y aventuras, más o menos imaginativas, y creamos una Nueva Novela Histórica Vindicativa Europea, una novela histórica de alta calidad que libere al subgénero del zurupetismo? Se requiere preparación, eso sí. Un trabajo intelectual de este tipo no está al alcance de quien viéndose capacitado para escribir sin faltas de ortografía, se lanza a la complejidad ignota de levantar una novela, pues los predecesores, fundadores americanos de tal hipotética escuela (Carpentier, Posse, Del Paso, etc.), han dejado muy alto el pabellón técnico de la Novela histórica vindicativa. Yo me siento incapaz de tal proeza y me veo obligado a pasar la palabra a quien tenga mejor ciencia.


Javier Tazón, Escalante 15 de junio de 2014.




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martes, 9 de septiembre de 2014

Javier Ochoa, el escritor apolíticamente correcto





Empecemos por el comienzo. Por ahí es por donde todos los escritores quieren iniciarse. Por el principio. Nunca es fácil salir del cascarón llamado anonimato, y conseguir un nombre en el cartel literario. Máxime si al arte de la escritura, manifestación que debe primar para la ruptura del huevo, se le entrometen otras “artes”. Y es que, en el mundo de la política, hay mucho artista.

Javier Ochoa Palop (Jaén, 1961) fue el flamante ganador del Premio de Literatura para Escritores Nóveles de la Diputación de Jaén en su vigésimo segunda edición. Tras el veredicto del jurado literario, no sé qué cargo público, con el carnet de no sé qué partido, catalogó la obra vencedora de “políticamente incorrecta”. El Premio quedó vacante en 2012, y el escritor jienense sin su merecido galardón.

Desde entonces, la vida de este escritor cambió. Su incorrección alimentaba, según entendidos en la materia, una “falta al derecho de igualdad por razones de sexo”. No obstante, a partir de aquel momento, Javier Ochoa ha hecho gala de un buen sentido del humor, sátiro en ocasiones, característico en muchos escritores.

En los meses que sucedieron a las decisiones políticas, fueron habituales las apariciones de Javier Ochoa en distintos medios, donde, “sin entrar al trapo”, y con hábiles y respetuosas declaraciones, ha conseguido dejar en evidencia  la decisión de revocar el premio; dictamen que por su propia naturaleza no tenía ningún sustento.

Javier Ochoa ha expuesto a los lectores, con esa gracia que tienen los andaluces, unos argumentos muy válidos que desarman las razones del veto, y no le falta nada de razón a la jocosa pregunta retórica que se hizo a consecuencia de su censura porque, “si Truman Capote o Jim Tomspson o cualquier otro maestro de la novela negra hubiera nacido en Jaén…, ¿a qué se hubiera tenido que dedicar?”

Poco después, “Nunca te quise tanto como para no matarte”, la novela de la discordia, tal vez publicitariamente algo beneficiada por los desatinos políticos, fue publicada por la Editorial Atlantis, y entró de lleno en la opinión pública expuesta al arma de doble filo que supone el veto institucional.


Javier Ochoa, después de este movido debut literario, del que asegura que podía haberse sacado mayor repercusión mediática, es autor de varias novelas más, que se encuentran a la espera de ver la luz. Entre otras, tiene una larga novela que encasilla en el género “negro gamberro”, y otra, surgida de “Nunca te quise tanto como para no matarte”, que sin querer ser secuela ni precuela, narra a modo de historia paralela, la perspectiva de vida de personajes aparecidos en su obra más conocida, como ya hiciera Ignacio Aldecoa al publicar “Con el viento solano”, aprovechando la pegada de su premiada y exitosa novela “El fulgor y la sangre”.


A fecha de hoy sólo podemos disfrutar de este autor, dentro de nuestro dilatado mercado editorial, de la ya mencionada novela “Nunca te quise tanto como para no matarte”. Libro en el que narra la vida de un soñador que aspira a ganar un galardón literario, tal y como el propio Javier Ochoa ha emulado en la realidad.

Jesús Rojas Lozano

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martes, 19 de agosto de 2014

Literatura Pulp



El concepto que, en general, se tiene del género PULP, es que se trata de un producto literario de baja calidad, y se califica  así porque es fácil etiquetar sin detenerse a razonar. Vivimos en una cultura de titulares donde es muy cómodo quedarse con un titular y opinar sobre el posible contenido sin siquiera haberlo leído. Sería como aceptar que algunas personas son muy ilustradas porque tienen paredes cubiertas con estanterías repletas de libros, libros que por supuesto no han leído, pero los poseen y creen que eso es una especie de traje que les empaca como muy cultos, por supuesto que hay muchos que poseen esas estanterías de libros y sí los miman y los leen, no se puede generalizar. Don Manuel Lara, el genuino editor, llegaba a decir que vendía libros por metros de estantería. Hoy día, con la inmersión en el mundo digital, ya no está tan de moda, pero siempre quedarán nostálgicos.

Por si queda alguien que todavía no lo sepa, “Pulp” etimológicamente viene de “pulpa de celulosa”, y no como podría responder un concursante televisivo que diría “pulpo a la gallega”. Dejemos a un lado la boutade y sigamos. Pulp igual a “pulpa de celulosa de baja calidad y bajo coste”. No entraré en el mundo de la fabricación del papel, es interesante, pero no para este artículo, sí me permito unos apuntes básicos. El papel llamado de “máquina” está menos elaborado, posee más impurezas y menor tratamiento químico, motivo por el cual, con el paso del tiempo, adquiere un color amarronado, luz y humedad ayudan a ello. ¿Cuál es el motivo de tal color? Sencillo, adquiere el color de la leña oxidada al paso del tiempo, no podía ser de otra manera porque esa celulosa proviene de la leña desmenuzada. Otros productos vegetales que además están tratados químicamente, no envejecen y colorean de la misma manera. A ese papel de mayor calidad se le llama “papel de pasta química”, es evidente que esta clase de papel saldrá mucho más caro para la edición de un libro y ahora es cuando entramos en el llamado género “pulp”.


Desde un principio, para imprimir a bajo coste, se escogió el papel de “máquina” y aún así, lo hay de diferentes precios y volúmenes.  Los periódicos utilizaron esta clase de papel, grandes tiradas, grandes ventas, y editores sagaces comenzaron a editar las historias de crímenes y heroicidades que el público lector ansiaba encontrar. El General Custer era un héroe y Bufalo Bill, también, no importaba contar falsedades, lo fundamental era vender muchos ejemplares y a bajo precio. De lo que no se daban cuenta era que, ansiosos por conocer esas historias, la gente no sólo aprendía a leer, sino a comprender el contenido del texto leído. Muchos lectores, después de las primeras parrafadas, se perdían y se siguen perdiendo, en consecuencia no les motiva leer un texto largo. Comenzaron a darse a conocer escritores que no escribían directamente para los lectores, escribían para ellos mismos, porque lo sentían, porque tenían necesidad de narrar. Charles Dickens comenzó a distribuir para la venta sus historias como género PULP en fascículos sin tan siquiera portada, parece ser que D. Benito Pérez Galdos hizo otro tanto. Las ventas mejoraban y se cubrió el fascículo con una cartulina blanda con dibujos esquemáticos. Y como el negocio popular marchaba, los editores pasaron del capítulo a la historia completa con una portada más atractiva incluyéndole color. Nadie puede poner en duda que una buena portada vende y los portadistas tienen mucho mérito en los éxitos de venta. Una portada con un asesino de aspecto muy horrible a punto de matar a una chica muy guapa, vende, o por lo menos vendía, porque cuando las cosas se repiten en demasía, pierden interés. Sigamos en la línea Pulp, es decir, la edición barata, diez centavos por ejemplo. Entraba en las casas, lo mismo como historias de crímenes que como historias de Opera-Horse, es decir, los Westerns, pero también entraban  obras que contaban algo más y éstas últimas, para distinguirlas, los editores escogieron mejor calidad de papel, mejores cubiertas. Entre los autores que escribían esas historias que tanto gustaban al lector popular fueron destacando escritores que narraban historias de Ciencia Ficción o de anticipación como muchos las definían, narradores de leyendas, historias jamás comprobadas, narradores de batallas que no tenían el soporte de la titularidad oficial, narradores de crímenes con tratamientos complicados que humanizaban a los personajes, sucedía lo mismo con los Westerns o las narraciones de capa y espada que tanto se dieron en Europa, o de viajes a tierras que a finales del siglo diecinueve eran salvajes, desconocidas, hay que tener en cuenta el tiempo que se podía tardar en un viaje por aquellos días y lo que se tarda ahora. Como en todo, el género Pulp pasó por el cedazo, se filtró la mala calidad y a la vista quedaron las pepitas de oro. El sentido de la palabra Pulp, como género, fue perdiendo interés ya que las historias o novelas de género pasaron a estar mejor editadas, papel de más calidad, cubiertas e impresión, los relatos o novelas cortas seguían editándose en revistas. Esos escritores que se convirtieron en oro, que en su génesis venían del “pulp” o que habían heredado su estilo, se transformaron en escritores de aventuras. Julio Verne, Sir Walter Scott, Edgar Alan Poe, Alejandro Dumas, Stevenson... ¿Hasta dónde podríamos seguir? Grandes escritores que supieron dar cuerpo, estilo y espíritu a sus historias. En medio de la difícil selección, surgió lo que entendemos por el PULP actual. Posiblemente uno de los espermatozoides que lo engendró fuera el de Wilkie Collins con “La piedra lunar”. Se creó la novela popular detectivesca. Conan Doyle, Agatha Christie, George Simenon incluso Hemingway, “The Killers” es una novela PULP, y son obras muy bien escritas, ¿quién lo va a dudar”? Poner más nombres, es correr el riesgo de olvidar a quienes no merecen tal olvido. La novela “underground” americana, especialmente la surgida de New York, abrió los ojos a un mundo más brutal de la calle, el lector se veía más reflejado en estas historias o cuando menos, lo deseaba. Los “súper-héroes” no han entrado tanto en los textos novelados, son más del mundo del cómic, más visual, más emocional. El lector de la novela, mentalmente se integra más en el texto de la narración en que se sumerge. La transformación de las aventuras de género en libros de bolsillo fue y sigue siendo un gran éxito, sería difícil contar los ejemplares así editados que se han llegado a vender, de tal modo que grandes obras literarias, para aumentar su divulgación y ¿por qué no decirlo?, para sacarles mayor rendimiento económico, las han editado en versión libro de bolsillo. Y las historias de toda clase de géneros quedan al final mezcladas en los estantes de las librerías, donde  a la novela de género se le ha terminado dando el lugar que le corresponde como obra literaria bien escrita. No se puede ignorar que en cualquier anaquel de exposición de libros los habrá muy buenos y muy malos, o simplemente libros cuyos lectores no pasarán  de las primeras páginas, aunque autor y editor lleguen a creer que son obras fundamentales para la cultura de la Humanidad.


Como siempre hay editores avispados que tratan de conseguir más beneficios, surgió lo que se ha dado en llamar el “boom de los “BOLSILIBROS” que comenzaron a editarse en diferentes y múltiples géneros.  Son sencillamente Libros de Bolsillo, de tamaño más pequeño y letra reducida, fáciles de llevar en un bolsillo o en un bolso de mujer, difíciles de leer y sin embargo con un gran atractivo y éxito de ventas. ¿Por qué? Los escritores que se dedicaron al “bolsilibro” poseían una gran imaginación a la par que una increíble rapidez para desarrollar sus historias que entraban con gran facilidad en la mente y en la sensibilidad de los lectores, les fascinaban hasta tal punto que ignoraban la dificultad de lectura que representaba el tamaño de la letra o el papel que ya ni siquiera era de máquina, sino reciclado. Generaciones de jóvenes se engancharon a la lectura, no se perdieron como lectores como podía vaticinar el nacional-catolicismo imperante, pues gran parte de esta generación lectora de bolsilibro, no sólo en España sino también en toda Latinoamérica, luego seguiría leyendo durante toda su vida lo que cayera en sus manos. Millones y millones de “bolsilibros” crearon a su vez millones y millones de lectores que se aficionaron luego a estudiar, a ir a las bibliotecas, incluso a escribir ellos también historias de aventuras. Decir que en el mundo del “Bolsilibro” todo era bueno o todo era malo, es una boutade, el cedazo del tiempo será el que dejará pasar por la trama metálica lo que ha de caer en la fosa del olvido y retendrá lo convertido en “clásico”. El tiempo le dará nuevos soportes de edición, la tecnología avanza, lo que fue innovador, ahora es obsoleto, lo digital va dejando a Gutenberg para la historia. Pero, las historias seguirán, estableciendo una simbiosis entre la imaginación del narrador y la del receptor, creando historias, apuntando vivencias que ellos nunca llegarán a vivir en su realidad.


He obviado los nombres de los más destacados escritores del mundo del Pulp del “bolsilibro” para que nadie pueda reprocharme un olvido intencionado, pero tales nombres han sido tan populares que ni siquiera es necesario escribirlos porque va a ser muy difícil olvidarlos.


Sí deseo recordar a un buen número de Editoriales que pusieron sus profesionales, las imprentas y su entusiasmo para editar los “BOLSILIBROS”:  Bruguera, Andina, Toray, Rollán, Valenciana, Ferma, Astri, Torroba, Ediciones Olimpic… Ha habido más pero no soy un historiador ni nada que se le parezca, sólo soy un escritor que ha caminado por esos mundos de fantasía, un escritor que recibe muchos correos de lectores que dan las gracias por los buenos ratos pasados, por haberles incentivado al mundo de la lectura, y me siento orgulloso como la mayoría de mis colegas de que así haya sido. Repito, hay que agradecer a las editoriales mencionadas por haber participado en el mundo de los multi-géneros que han sido las novelas PULP.


Costa Daurada – 18 agosto 2014
©Ralph Barby
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martes, 10 de junio de 2014

Esta gente que escribe .... y concursa



Hace tiempo que no hacemos una entrada en el blog dedicada al foro, a nuestra comunidad. Estamos perdiendo las buenas costumbres. Así que ya va tocando un poco de reflexión y, si viene al caso, autocrítica. Hoy tocan los foreros escriben.

Escribir es como leer, es una pasión, algo que nos pide el alma. Es también un ejercicio de mostrarnos desnudos frente al otro. Ponernos ilusión, nos creemos a veces peores de lo que en realidad somos y a veces mejores. Las críticas son difíciles de aceptar, sobre todo cuando nos damos de bruces con la cruda realidad. A veces lo que sometemos al juicio ajeno nos devuelve en el espejo una imagen muy distinta de la que teníamos de nuestro trabajo. Esto es especialmente marcado cuando sometemos nuestros relatos a unas críticas hechas desde el anonimato.

Como jurado que he sido de estos concursos entre amigos que convoca el foro, y, todo sea dicho, últimamente parece que están produciendo adicción, he visto la progresión de escritores aficionados, les he visto ganar concursos y publicar libros a varios de ellos. Pero ganar concursos de los de verdad, de los que se compite con autores consagrados. En esa progresión tengo la satisfacción de comprobar como algunos de nuestros habituales han escrito relatos que podrían pasar por obras de escritores profesionales si estos los firmaran. Lo repito últimamente en cada convocatoria. Cada vez mas nos cuesta pelear el palmarés y es difícil elegir al ganador. Recuerdo que hace unos años el mejor brillaba a mucha distancia, los demás se quedaban en un margen mas homogéneo y era difícil destacar alguno para los premios secundarios. Utimamente nos cuesta afinar el ganador, tanto se ha ganado en calidad. Claro que con ello vienen otras aspiraciones mas altas.

Somos al fin y al cabo un grupo de amigos apasionados, algo frikis, y nuestro premio es poca cosa, salir en un libro conjunto, ver nuestro nombre junto a nuestra obra en tinta negra sobre papel. Tras los premios viene un trabajo inmenso y generoso, preparar el libro. Despues descartar a los que no van a entrar en él, ahora sí, dolorosamente conscientes de la ilusión que cada uno puso en imaginar y llevar a las palabras una historia, ya con nombres, toca corregir, maquetar, elegir título y crear una portada para el libro que tendrá como regalo el ganador y que podremos los demás comprar a precio asequible. Pero estar ahí, sentirnos parte del crecimiento de los compañeros de sueños y fatigas, no tiene precio.

Comentar los relatos a ciegas tiene muchas cosas positivas. Lo hacemos sin dejarnos llevar por simpatías, somos capaces de mostrar errores que ayudarán a mejorar y valorar en su justo mérito lo conseguido y crecer. Crecer juntos, porque en los errores de los demás vemos también los nuestros reflejados, con una mirada diferente.

Tiene la crítica a ciegas algún punto en contra, sobre todo el de los egos desmedidos que se creen más de lo que son y llevan mal aceptar los errores, las malas lecturas que se hacen, las carencias, la mediocridad de las obras. También la de los críticos agresivos, que traspasan los límites del cuento y la autoría y llegan a la persona, quien confunde obra con autor, quien al traspasar esa barrera hiere mas allá del juego de escribir. Es ahí es donde estamos los moderadores y alguna vez, solo alguna, alguna persona se despeña y acepta mal que se le llame al redil, y provoca algún que otro descalabro, se ataca y se sacan paños rojos, las ilusiones se empañan un poco. Pero es solo un arrebato, nos recomponemos y volvemos a empezar, y seguimos poniendo ilusiones otra vez en escribir, en comentar, en corregir para editar.

Son reglas no escritas, aquí los aficionados os saludan, pero no os descuidéis porque somos mejores, o lo seremos si os dormís en los laureles.
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miércoles, 12 de febrero de 2014

Encuentro con Cornelia Funke en Colonia



El pasado miércoles tuve la gran suerte de asistir al encuentro de Cornelia Funke con sus lectores que tuvo lugar en Colonia, dentro del programa literario LitCologne que se celebra todos los años por estas fechas.
La verdad, no sabía muy bien qué me esperaba. ¿Habría sólo niños? ¿Quedaríamos fuera de lugar mi pareja, a la que tuve que arrastrar, y yo? ¿Tendría aunque fuera un segundito para hablar con ella? ¿Me haría algún caso?

Pues bien, es cierto que nosotros dos éramos de los pocos adultos que estaban allí sin niños, y también es cierto que había muchísimos niños, pero aun así, no me sentí en ningún momento fuera de lugar. De hecho, me parece que los adultos atendíamos a la escritora más embobados que los propios niños, algunos de los cuales empezaron a dar signos de cansancio a medida que el acto llegaba a su fin.



Cornelia Funke atrapó nuestra atención desde el principio y no la soltó hasta el final, tanto mientras leía de su último libro El caballero fantasma, como cuando respondía a las preguntas que le hacía el público. Dos moderadores iban pasando el micrófono a los niños que pedían su turno levantando la mano. “A ver qué preguntas hacen estos críos, seguro que se repiten y todo”, pensé yo. Nada más lejos de la realidad: las preguntas eran a cual más interesantes, y no se repitió ni una, a pesar de que quizá respondió a unas veinte a lo largo de todo el acto. Y lo hizo con una simpatía, frescura y sinceridad más propias de un niño que de un adulto de cincuenta y cinco años, edad que confesó tener entre risas “a pesar de lo alegre y vital que soy”. Me impresionó ver que hasta mi pareja, que ya digo que fue un poco arrastrado y sin esperar nada del evento en cuestión, escuchó encantado toda la hora y media que duró el acto.

Y las preguntas giraron en torno a sus libros (dijo que, aunque había dejado de contarlos, ¡habrá escrito unos sesenta!), sus personajes, sus mundos, su carrera profesional y un poco su vida personal. En cuanto a sus personajes confesó haberse inspirado en uno de sus hijos para crear tanto el personaje de Jacob como el de Will, los dos hermanos protagonistas de su última trilogía, Reckless. Dijo sentirse identificada especialmente con Fux, medio mujer, medio zorro, también protagonista de su último mundo detrás del espejo.



Respecto a su carrera profesional, contó que, en realidad, ella fue durante mucho tiempo ilustradora de libros infantiles, hasta que un día, aburrida de los insípidos libros que tenía que ilustrar, se puso a escribir una historia tal y como a ella le gustaría que fuera, llena de todos los elementos que la fascinaban como lectora. Y en algún momento dado, pasados unos años y con unas cuantas novelas a sus espaldas, se dio cuenta de que lo que realmente le gustaba era escribir, y decidió dedicarse de lleno a la escritura.

Habló de cómo iba de pequeña con su padre a la biblioteca municipal, en la entrada se separaban, él iba a la sección para adultos y ella a la infantil, y después regresaban los dos a casa cargados con su respectiva montaña de libros. Recomendó a los niños viajar y vivir un tiempo en el extranjero como una experiencia irrepetible y que te ayuda a conocerte a ti mismo y a tu propio país, mucho mejor que sin salir jamás de él.

En fin, un auténtico placer escucharla. Como botón inevitable del encuentro, al final firmó, pero sólo dos libros por persona y sin dedicatoria. Se disculpó mil veces, pero de otro modo todavía estaríamos allí, ya que la cantidad de asistentes al encuentro rondaría los 800, y había niños con verdaderas pilas de libros en las manos. 

Y en todo este caos, cuando, después de una media hora apretujada entre niños y mamás, conseguí al fin estar unos segundos delante de ella, entregarle mis dos ejemplares y decirle que soy su traductora al español para el mercado mexicano, tuvo el detalle de darme la mano y decirme, con una sorpresa y alegría que interpreté sinceras, que era un honor conocerme. Me temblaban las piernas como a una quinceañera conociendo a su ídolo musical

Margarita Santos (Murke)
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